Érase una vez … consolidación (1/5): ¿Por qué consolidar cuentas?

Érase una vez … consolidación (1/5): ¿Por qué consolidar cuentas?

Por Allen White, cofundador y administrador de Sigma Conso.

Este artículo echa un vistazo a la consolidación en las últimas décadas. Incluye algunas anécdotas que marcaron la aventura pionera de los primeros grupos. Nuestra mirada al pasado revela una evolución extraordinaria, que se debe principalmente a la tecnología de la información ya la cultura de los grupos, más que a los propios principios de contabilidad de consolidación. Concluimos nuestra visión general con un intento de imaginar cómo la consolidación y el entorno en el que se lleva a cabo puede seguir cambiando en el futuro.

Los siguientes temas serán tratados:

¿Por qué consolidar cuentas?

La historia muestra que a finales del siglo XIX las empresas, establecidas principalmente en los Estados Unidos, se organizaban en grupos. Fueron llamados conglomerados en ese momento. Pronto se hizo evidente lo difícil que era obtener un panorama económico y financiero de estos grupos de empresas como una sola entidad. Esta fue la dificultad que enfrentó el mundo financiero en ese momento.

Muchas preguntas surgieron acerca de cómo manejar, interpretar e incluso obtener información dada:

  • Las diversas actividades de las empresas
  • La variedad de monedas utilizadas por los países donde se encontraban
  • El nivel de control o ausencia de control sobre las empresas
  • La gama de reglas contables aplicadas a las cuentas individuales
  • Las muchas transacciones entre las empresas que ocultaron parcialmente su desempeño real fuera del grupo.

En otras palabras, las reglas pronto se hicieron necesarias.

La lenta evolución de los requisitos de consolidación

Mientras que las primeras compañías, verdaderos conglomerados económicos presentes en el ámbito internacional, ya estaban apareciendo en la segunda mitad del siglo XIX, hasta las cuentas consolidadas que se incluyeron en la agenda del primer congreso internacional de contabilidad hasta 1904. Las publicaciones sobre el tema aparecieron por primera vez en los Estados Unidos en 1918.

A Europa le tomó mucho más tiempo tomar conciencia de la utilidad de estas publicaciones. Gran Bretaña tomó la delantera sobre otros países europeos y publicó las reglas para la publicación de cuentas consolidadas en 1939, pero sólo las hizo obligatorias mucho más tarde con el “Companies Act” de 1948.

En Francia, a pesar de los estudios y de algunas propuestas concretas de 1954, se emitió un primer decreto en 1967 que, sin embargo, sólo contemplaba la posibilidad de adjuntar cuentas consolidadas a las cuentas ordinarias de las sociedades holding.

En Bélgica, el 29 de noviembre de 1977, se publicó un primer decreto real sobre la publicación de las cuentas consolidadas de las sociedades con carteras. Fue seguido mucho más tarde por el Real Decreto de 6 de marzo de 1990, que estableció normas para el establecimiento de cuentas consolidadas para un número mucho mayor de empresas.

Esta última fecha fue realmente el punto de partida para un cambio definitivo en el paisaje para grupos de empresas en Bélgica.

No sería correcto dejar de lado las acciones internacionales organizadas en paralelo con estas normas nacionales convergentes, especialmente en los años setenta. Cabe señalar que:

  • En 1973, el Comité de Normas Internacionales de Contabilidad (IASC), que representaba a las principales organizaciones de contabilidad de varios países, emitió la norma número 3 que establece que una sociedad matriz debe publicar cuentas consolidadas.
  • La ONU, dentro de una comisión de empresas internacionales creada en 1974, expresó su deseo de ver las cuentas ordinarias de grandes grupos completadas por cuentas consolidadas.
  • Y, por último, en 1976, la OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos) emitió recomendaciones sobre la publicación de información consolidada como parte de su declaración sobre inversiones internacionales y empresas multinacionales.

Sin embargo, hasta el 13 de junio de 1983 se presentó la 7ª Directiva europea sobre cuentas consolidadas. Pidió la aplicación en todos los Estados miembros, antes del 1 de enero de 1988, de la obligación de publicar cuentas consolidadas aplicables, sin embargo, al ejercicio económico que comience después del 1 de enero de 1990.

Este fue el marco legislativo en el que se realizaron las primeras consolidaciones.

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