Historia de la consolidación (2/5): Los años 70 – La edad del lápiz y del borrador

Historia de la consolidación (2/5): Los años 70 – La edad del lápiz y del borrador

Por Allen White, cofundador y administrador de Sigma Conso

Si un historiador tuviera que describir las consolidaciones realizadas por las compañías pioneras que eligieron publicar sus cuentas consolidadas a finales de los años sesenta, se referirían a ello como la edad del lápiz y del borrador. Las PCs no existían y las hojas de cálculo eran inauditas. Los principios de consolidación aún no estaban suficientemente bien dominados para dar lugar a software especializado.

A lo sumo, algunos consolidadores usaron programas de contabilidad (nadie hablaba de software en ese momento y menos de paquetes de software) en los que acumulaban cuentas de empresa como entradas largas de débitos de activos a créditos de pasivos y, cuando podían hacerlo, a través de una pantalla. En ese momento, las tarjetas perforadas seguían siendo muy usadas como medio de entrada de datos. Las calculadoras de oficina eran una herramienta indispensable tanto para los intercambios de divisas (el euro no existía todavía!) como para establecer todas las entradas de eliminación.

Es fácil ver por qué, con este tipo de herramientas, la producción de cuentas consolidadas y apéndices sólo se podía hacer en un horario muy flexible, especialmente si la extensión del perímetro del grupo lo hacía algo complejo.

Algunos lectores recordarán que, en ese momento, ya existían algunos “grupos de grupos” entre los muchos grupos bastante grandes. Eran reales pulpos económicos presentes internacionalmente y en casi todas las áreas de negocio. Estos “supergrupos” valen la pena dedicar un poco de tiempo, y uno en particular, por lo que tuvimos la extraordinaria oportunidad de desarrollar un sistema de consolidación.

Constaba de casi 2000 empresas, divididas en unos 20 subgrupos. Estas últimas a su vez se trataron como participaciones, ya que algunas veces cotizaban en varias bolsas de valores y, por lo tanto, debían publicar cuentas consolidadas ante la sociedad matriz a la que informaban.

¿Cómo procedió este “súper grupo”? El consolidador de la época utilizaba hojas de papel de gran formato, preimpresas, con columnas como las hojas de cálculo actuales. Las cuentas de los subgrupos aparecieron en columnas sucesivas y fueron seguidas de ajustes y eliminaciones. Por supuesto, cada subgrupo había hecho previamente su propia consolidación a su manera. Cualquier error o cambio de cantidad tardía requiere el uso de un borrador y una cantidad significativa de tiempo para los recálculos. Al final de la consolidación, su complejidad se midió por el número de lápices y borradores utilizados. En cuanto al cronograma, el grupo publicó sus cuentas consolidadas en octubre del año siguiente.

Hay que destacar un aspecto cultural: en la mayoría de los informes anuales se presentaron por primera vez las cuentas estatutarias de la sociedad matriz y las cuentas consolidadas aparecieron en las últimas páginas del apéndice. Esta presentación subrayó su importancia percibida en aquel momento.

De hecho, un público muy pequeño entre los miembros de la junta, los bancos y los analistas financieros podía presumir de comprender plenamente el contenido de las cifras amalgamadas cuya utilidad real era a menudo cuestionada.

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